Seguro que conoces JotDown Cultural Magazine, revista online nacida en Mayo del 2011, que publica buenos artículos, y, para escándalo de internet, muy largos. Es, además, una revista de firmas, no solo porque escriban en ella nombres conocidos (En portada en este momento están Jon Sistiaga, Gumersindo Lafuente, Javier Gallego, Enriq González…)  sino porque siempre escriben posicionados: firman, se afirman.

Jot Down recupera el periodismo como un género literario. Tienen una vocación clásica, que creo que la hace entrañablemente postmoderna.

En alguna entrevista, sus fundadores, afirmaron que han sacado una revista online porque son los tiempos que son, pero que ellos lo que querían era hacer una revista impresa. Y aquí está, la han hecho.

En papel y gruesísima -la he medido: 2 cm de grueso. Pero qué papel y qué tinta, damas y caballeros: una edición acojonante, a cargo de Brand & Roses-Yorokubu- y relajaelcoco. Cuidadas las fotos -en blanco y negro por supuesto, algunas de Gervasio Sánchez-, cuidadas las ilustraciones –Isidro Ferrer , Flavio Morais-, la maquetación y el diseño gráfico -muy yorokubescos… Una revista de las de no tirar. Esta es de las que se guardan, con vocación de ser buscada por coleccionistas dentro de años en la Feria del Libro, cuando llevemos trajes ignífugos plateados y se ponga de moda la nostalgia del 2012.

Son muchísimos artículos, de temas diversos. Escriben firmas muy conocidas, como Félix de Azua, Diego A Manrique, Soledad Gallego-Díaz, Enric González o incluso firmones dominicales como Muñoz Molina, Maruja Torres o Fernando Sabater -Es gracioso que estos últimos hayan sido los más escuetos, en plan sí pero no. Los demás artículos son, en cambio, bastante largos, siguiendo la tradición de la web. Alguno hay de once páginas. Y están todos muy bien escritos. Una afirmación del gusto de la lectura y de la pasión de escribir. Se exhibe la libertad de temas, extensión y forma.  También hay -en plan Panenka– una entrevista de Íñigo Gurrichaga a Xabi Alonso. Y otra a Arturo Pérez-Reverte, por Enric González. Abre la revista una imagen de Andrés Rábago “El Roto”.

El pasado y lo que del pasado rescataría para el futuro, es la premisa que une a los artículos.  El tema se ha acabado concretando -o eso me parece a mi- en un hilo conductor: El periodismo y el pasado.

El periodismo siempre se ha jactado de su vinculación con la actualidad. Cada vez más: con el periodismo online, a través de Twitter o Eskup, uno puede leer las noticias en el mismísimo instante en que ocurren. Pero la actualidad comparte con el presente la evanescencia y, en seguida, se convierte en pasado. Por tanto, la actualidad vive siempre en pasado.

Los periódicos viejos -y el de ayer ya lo es- nos hablan de la nostalgia de ese inalcanzable: Todos los periodistas que he conocido acumulan periódicos en el salón, los pasillos o el baño, para desesperación del ama o amo de casa. Es entonces cuando los periódicos vuelven de nuevo a su materia madre, el papel. Y ya solo sirven, como viene a decir Manuel Jabois en su artículo “para envolver sardinas”.

“Brilla y desaparece” decía un letrero luminoso sobre un solar vacío en la calle Barco, hace años.

El blanco y negro de la revista Jot Down es la seña de identidad del diseño de su web, en blanco #fff y negro #000 puros, y con todas las fotografías en B&N también. Pero aquí ese blanco y negro adquiere mayor sentido que en Internet. En la revista impresa el blanco y negro es el mensaje, te empapa en la nostalgia de la tinta y las rotativas. Y del papel.

Nostalgia del papel, pues algo tiene la revista de canto del cisne: brilla y desaparece. Repito que la edición está increiblemente cuidada: el gramaje del papel es grueso, y la revista también, de tal manera que se puede apreciar el corte. Y al pasar el dedo flotan esas virutas mínimas, adheridas por estática, que deja la guillotina. Eh, ya se nos habían olvidado esas virutas.

El periodista es experto en nostalgia. Y las nostalgias de los artículos son muchas: la nostalgia de una masculinidad en plan cigarro y cubata; la tumorosa nostalgia de la infancia -que ya desde Proust da para mucho escribir, la nostalgia de las velocidades lentas -el proyector del pasado va en super8-, la nostalgia de un oficio romántico, el de reportero, la nostalgia del velo- el velo químico, el velo del erotismo, el velo que Walter Benjamin daba a la belleza: “lo bello es bello en su velo”. Un velo desenfoca para ver mejor.

Algo me llevaba preocupando mientras la leía, y es lo siguiente: La nostalgia, y el tema del pasado, y el blanco y negro, y los productos muy bien acabados que van a durar mucho, tienen algo de mortuorio, de tumbas, de lápidas, de esquelas… No puedo no ver eso en esta revista. Me pregunto entonces quién ha muerto. El periodismo no, la revista es una afirmación del oficio, con todas estas firmas y textos aun enamorados. ¿El papel?  Sospechaba yo que podía ser el papel, pero no querrán decir tal cosa, pues toda esta inversión en trabajo y belleza quiere apoyar la tesis contraria: que aun hay tiempo, dinero y habilidades para sacar una excelente revista impresa. No se responder y tampoco ando insinuando ninguna respuesta; pero me quedo con esta pregunta en blanco. Alguien ha muerto, díganme ustedes quién. ¿?

No acabaré tan luctuosamente. Ésta es una reseña entusiasta. La revista es un caramelo, para regalar a alguien que le guste leer y le guste su idioma y la cultura de su país.  Visualmente es bonita y variada. Hasta parecería que le han hecho pruebas de tacto, como a los productos de Apple. Da gusto cogerla, sopesarla, acariciarla, hojearla. Esta revista incluso huele bien. Mm… a tinta.

Y la portada es una imagen de À bout de souffle: En la fotografía -en blanco y negro- salen caminando por los Campos Elíseos Jean-Paul Belmondo y Jean Seberg, la vendedora de periodicos más linda del mundo mundial. Si quieres seducir, hazlo con clase.

JotDown Magazine Especial Primer Aniversario.
Editado por JotDown Wabi Sabi Investments. 2012.
Precio: 15 € Aquí o en algunas librerías.

 

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