Publicado el 10 de febrero de 2012. La playa de Madrid——————————————————————————–

De tipos infames está lleno el mundo, aunque corren muy distinta suerte: a la Comic Sans le montan una campaña en contra, mientras a la Helvética la honran con una peli.

Esas cajas de letras, conocidas como libros, se ven atosigadas por el problema tan obsoleto de tener realidad física: cogen polvo, se te caen en la cabeza y necesitan colocarse en estanterías. Los libreros han decidido que, ya que van a estorbar, mejor disponerlos alrededor de mesitas y, en esas mesitas, servir unas copichuelas de buen vino. Han dado a luz un magno híbrido: la librería-bar.

Al fin podremos tener a raya a esos tipos infames, vampiros de nuestros cerebros, pues el vino es para los libros como kryptonita. Que se lo digan a mi ejemplar de Vida de Oscar Wilde, al que una torpe mañana de resaca salpiqué de manchas tuberculosas de Rioja.

Beber y leer son dos verbos que, juntos, pueden llevarte a un final feliz. O a un desliz.

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