Artículo publicado en Fosacomún, julio del 2009

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Lo patético es una categoría estética con pinta de ser subcategoría de algo (de lo sublime, por ejemplo). Algo hay en lo patético de sub, de lo que quiere poseer una cualidad superior y no llega. Quiere conmover el alma del observador -παθητικός: que impresiona, sensible– y en vez de ese estremecimiento produce más bien la sonrisa, lo cómico.” ¡Qué patético!” decimos y sale la risa a castigarlo.

Lo cómico no es necesariamente positivo, nunca hay que olvidar que tiene esa función restrictiva de no dejar crecer nada fuera de su sitio, y al nuevo rico lo quiere en seguida devolver al fango. El snobismo y el amor decía Proust que eran sus temas preferidos. En lo patético hay mucho de esnobismo y de vago deseo del amor.

Tengo que nombrar la Patética de Beethoven,  la tengo en un vinilo de esos con perrito mirando el tocadiscos-la voz de su amo. Como suena muy bajito, casi sordo,  hay que subir el volumen ya en el Grave y se oyen chasquidos entre el conmovedor piano como un anciano que tosiese . Me encanta. Lo oigo y  siento claramente el placer de sufrir de mentirijillas.

Lo patético es teatral, pero eso le da fineza: se dice que el teatro le da a las pasiones, al hacerlas artificiales, un sentido de verdad. Dentro de los órdenes teatrales probablemete tenga más que ver lo patético con el drama (burgués) que con la tragedia. Si el protagonista de un triste episodio marcado por el destino no es un rey Lear sino un ama de casa noruega lllamada Nora estamos ante un drama. No se por qué me ha venido Ibsen como ejemplo, pero Bergman, que le adora, me parece también muy de lo patético, más que trágico.

Creo que Schiller dice algo así como que sufrir en sí es vulgar (eso sería la zona vulgar de lo patético) pero si uno aguanta firmemente el sufrimiento y lo utiliza para revelar una libertad moral por encima del dolor físico entonces lo patético entra en la estética. Pero esto es un poco antiguo. La idea de vulgaridad es mucho más amplia de lo que parecería, y a mi modo de ver alcanza todo el abanico de lo patético y le da esa vidilla que nos hace disfrutarlo.

Me acuerdo de que Lessing insiste en que, mientras devoran a sus hijos, Laoconte, tiene la boca especialmente poco abierta. Le enfadaba mucho que un escultor hiciese abrir la boca en un grito de dolor,  la boca abierta con dientes y lengua y dolor! ¡¡noooo!! Pero esto parece que ya no es prescriptivo y todos abren bocas (la madre del Guernica también con su hijito en brazos  tiene abierta la boca y es perfectamente patética)

En los cementerios parecen ser de esta escuela Schiller-Lessing. No se quiere ser vulgar y se diseña lo patético con la boca cerrada, el rostro cubierto o inclinado…la modestia de los signos del sufrir. ¿Hasta que punto consigue conmover? Lo patético hace que cuando visitamos cementerios nos pongamos “románticos”-así decía una tía abuela mía de Pontevedra. Nos emocionamos…y pero no. Sonreimos… pero no. Lo patético deja todo congelado en un gesto  sin terminar.

Pero vulgar acaba siéndolo siempre, y eso lo hace placentero, empalagoso pero a la par deliciosín.

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Sposa e Madre Modello con su pequeñin dándole el último beso.

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Ruboroso dolor y telarañas como lágrimas.

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Sábana con pliegues
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Viuda tristísima…quizás la dama de El Beso de Bécquer
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Gemelas de la Muerte

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