Publicado el 14 abril, 2014. La playa de Madrid——————————————————————————–

museoanatomiatorsoppUn museo un poco clandestino, un poco peculiar. Y sin embargo muy serio. Es el Gabinete de Anatomía de la Facultad de Medicina Complutense. Está escondido en un ala de la facultad, tras una humilde puerta, igual a las de tantos otros despachos. 

Gabinete de Anatomía ¿Suena romántico y también da un poco de miedito, verdad? Pues una mezcla de sentimientos así, raruna, era lo que teníamos en el estómago los valientes exploradores de la Playa de Madrid, mientras aguardábamos al profesor, con sus llaves. Es muy de peli ese momento en que te abren la puerta.

Su nombre oficial es Museo Javier Puerta, en honor y homenaje al desaparecido Catedrático de Anatomía de esa misma Universidad. Guarda un conjunto de antiguas esculturas anatómicas, realizadas en cera. Estas esculturas poseen valor científico. Se realizaron para enseñar anatomía a los estudiantes de medicina, ya que no siempre había un cadáver a mano. Pero sobre todo un gran valor histórico y artístico, existen pocos gabinetes con tallas similares en el mundo, apenas en Florencia y en Viena.

Las esculturas proceden de diferentes épocas y técnicas. Las más valiosas son de finales del XVIII y están realizadas en cera policromada. Uno de sus autores fue Luigi Franceschi que vino directamente de La Specola, el Museo de Historia Natural de Florencia, donde existe la más famosa colección de ceroplastia, creada por el naturalista Felice Fontana. Las piezas que pueden verse en Madrid siguen esta escuela florentina y están exquisitamente realizadas a partir de vaciados sobre disecciones de cadáveres, y luego coloreadas con delicado realismo. Si bien su intención era servir para la enseñanza de la anatomía médica se trasluce perfectamente cómo los artistas fueron ganados por la belleza y el drama. No pudieron evitarlo: crearon figuras morbosamente bellas, enigmáticas como fantasmas. Entre el cuerpo muerto y el cuerpo vivo, crearon los replicantes: las estatuas de cera.

Al contemplarlas se entiende el amor de Pigmalión, el mítico escultor griego que se enamoró de la figura salida de sus manos. También Franceschi y el malagueño Juan Cháez debieron sentir esta atracción erótica solo reservada a los artistas, por las bellas Venus que exhiben más de su cuerpo que cualquier otra mujer desnuda. “Ahora no te deseo sin tu piel ” decía Fonollosa, en su poema Descortezar. Por debajo de la piel nuestros atractivos son extraños.

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La pieza más llamativa de esta colección es una venus anatómica llamada Embarazada a término. Es una mujer sentada, en avanzado estado de gestación. Su vientre se ofrece abierto, lo que permite observar el feto perfectamente formado en su interior. Entregada a la muerte, con la cabeza exánime, ladeada. Dice la leyenda que fue una pobre mujer que atropellaron cerca de la facultad de Medicina. Ello les permitió hacer el vaciado y posteriormente esta escultura excepcional. Nos dice el director del museo, Fermín Viejo, que no existe ninguna otra similar, es única entre las venus anatómicas. Pero sobre todo ocurre que al mirarla tiene lo que Benjamin llamaba Aura.

Claro está que la colección florentina es famosísima y se exhibe como una joya, y en cambio la de Madrid… ¡Ay Madrid! Me voy a poner en plan Larra, a protestar de lo paletos que podemos llegar a ser: Por razones nada claras esta increíble colección se esconde en la gigantesca facultad de Medicina. Es su director, Fermín Viejo Tirado, un profesor amable y entregado quien la mantiene y la muestra al visitante.  Antes que él lo hizo el Profesor Puerta Fonollá, ya fallecido, que como vimos da nombre al museo. Todo ese trabajo por puro amor a lo que hay allí. La colección no se pudre debido a sus cuidados y a la colaboración desinteresada de algunos restauradores de la facultad de Bellas Artes.

La verdad es las viejas estanterías decimonónicas y el voyeurismo de la visita le dan más encanto al museo. Pero sin dejarnos llevar por tales morbideces románticas, hay que decir que no puede ser: Esa maravilla no se puede tener así. Pudimos constatar las humedades y el abandono de las instalaciones. Son piezas antiguas que requerirían un control de temperatura y humedad. El director ha pedido fondos y ayudas sin éxito. Ni el rectorado ni las instituciones han querido apoyarle.  ¿Cómo se te queda la cara?

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Pero se están dando pasos y esperemos que la labor constante de promoción y conservación de estas personas irá dando su fruto. En verano parte de las piezas han viajado al Museo de la evolución humana, en Burgos, y allí estuvieron hasta julio. Esperemos que este sea un toque de atención para que las instituciones se decidan a valorar la colección e invertir lo que sea menester.

Es un museo de vocación más artística que morbosa, pero no puede evitar un aire de época. En el siglo XIX el museo entró en sazón y ya se sabe lo que le gustaba a los románticos el Tanatos. Entrar en el gabinete es sumergirse en las brumas decimonónicas y en sus temores preferidos… las leyendas de Bécquer, las calaveras de Zorrilla…  Hay algunos cráneos y huesos reales. Entre ellos el esqueleto de un “gigante extremeño” aportado por el Doctor Velasco. El doctor es un insigne personaje de la leyenda negra madrileña, y en otra ocasión hablaremos de él pues tiene toda una historia. De momento comentar que fue uno de los primeros anatomistas y que dirigió este museo allá por 1857. Parece ser que el gigante le vendió en vida su cadáver al Dr. Velasco. ¡Beneficioso para ambos!. En las fotos podréis ver el tamaño del esqueleto gigante, impresiona.

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Echemos un poquito patrás: El museo de Anatomía surge en época de Carlos III, (el rey de piedra de la Puerta del Sol, ya saben), en concreto en 1787. Y no estaba donde ahora, en Ciudad Universitaria, sino en el Real Colegio de Cirugía de San Carlos, en los sótanos del edificio que ahora ocupa el Reina Sofía -después estuvo en el que ahora es el Colegio de Médicos-. Fue entonces cuando se realizaron las esculturas en cera policromada.

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Posteriormente diversos anatomistas fueron enriqueciendo el museo: Dr. Gimbernat, el Dr. Castelló, Dr. Fourquet (os sonará la calle que lleva el nombre de este señor y que se cruza con otra, la del Dr. Argumosa, cuya ‘Lección de Anatomía’ decora el hall de la facultad ), Dr. Calleja, el mencionado Dr. Velasco, Dr. Tagel y Dr. Olóriz, del que es conocida su colección de cráneos.

museoanatomia-anosveinteLa verdad es que el conjunto es didáctico, no solo para los estudiantes de medicina. Ninguno tenemos demasiada idea sobre los músculos, órganos, huesos y afinidades que se ocultan dentro del cuerpo. Habrá quien le de grima, y habrá quien el ambiente de gabinete decimonónico le genere morbos literarios. Pero la sensación que triunfa es la de aprender. Levantar la piel -en este caso la cera- es como abrir una caja y mirar los secretos de los dioses. Durante mucho tiempo estuvo prohibido, como tantas ramas del árbol de la ciencia. De hecho, podemos admirar dos figuras anatómicas que representan a Adan y Eva con la famosa manzana.

Por dentro no cambiamos pero con el tiempo, las modas influyen también en la estética de las esculturas. Por ejemplo hay una figura que tiene todo el aspecto de una flapper, la chica moderna de los años veinte. En vez de un largo collar de perlas la chica luce su sistema circulatorio, su hígado y sus intestinos. Es muy bonita, con su rostro pensativo, estudiadamente concentrada en sus cosas, como si no fuese tan desnuda.

Este gabinete tiene el aire de un descubrimiento que eleva al flâneur a las alturas de un Indiana Jones -me refiero al Profesor Jones antes de salir a ver mundo, refugiado en su spilbergiano despachito universitario lleno de maravillas-. Y le confirma que sí, que todavía quedan muchos lugares ocultos.
Museo de Anatomía
Facultad de Medicina Complutense. Plaza Ramón y Cajal.
Para visitas, contactar previamente.

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