Publicado el 31 enero, 2017. La playa de Madrid
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santosyfrancotiradores-boullosaLas canciones son música y letra, pero lo habitual es que la letra salga perdiendo. He oído muchas veces la excusa de que el castellano no es un idioma musical; menos mal que ante la evidencia del excelente trabajo de algunos compositores, semejante falacia te la dicen ya con la boca pequeña.
Y esto hace Santos y Francotiradores, el último libro de Luis Boullosa, editado por 66RPM: visibilizar, de entre los músicos españoles, a aquellos que son grandes letristas. Poetas.

“What matter the rank of a work when its beauty is of the highest rank?” he wrote. That is the straight answer to the question of how Bob Dylan belongs in literature: as the beauty of his songs is of the highest rank.
[¿Qué importa el rango de una obra cuando su belleza es del más alto rango?. Ésa es la respuesta directa a la pregunta de cómo Bob Dylan está dentro de la literatura: igual que la belleza de sus canciones es del más alto rango]

Esto dijo la academia sueca en su laudatio a Bob Dylan. Santos y Francotiradores se adelantó a la polémica sobre el nobel a Dylan con esa extraña precisión con que la literatura suele adelantarse a la realidad. En las fechas en que lo leía, a la vez que iba descubriendo dentro del libro la riqueza poética de los músicos entrevistados y letras de canciones que te atraviesan como un brillo, iba oyendo fuera artículos, comentarios, y verdaderas chorradas sobre si un músico puede llegar o no a hollar las altas cumbres de la poesía. Este libro simplemente muestra que tales cumbres están ahí, con su nieve y sus sherpas y sus dioses paseándose.

Desvelarlo es de esas tareas que una vez realizada se muestra imprescindible.

Josele Santiago, Rafael Berrio, Fernando Alfaro, Javier Colis, Niño de Elche…  y un buen número de nombres más. El libro se forjó a partir de un largo trabajo de campo, dos años de entrevistas. Está articulado por capítulos, dedicados a cada músico. Todos ellos pertenecen al panorama nacional. Algunos son muy conocidos por el gran público y a otros los conocen cuatro exquisitos del underground. No se hace diferencia, son otros los baremos que toman protagonismo. Y al final se establece un hilo entre artistas muy distintos: búsquedas comunes, una misma sed.

La ausencia de miedo a tirar de los hilos encamina a Boullosa a un deambular propio del flâneur por caminos más allá de la poética y lo musical, desde el análisis sociologico de los distintos contextos que envolvieron a las bandas a una discusión sobre las esencias de El Alma de España, sea lo que sea eso.

Si bien el lector puede elegir leer a capítulos sueltos, y convertirlo en un libro duradero como un caramelo que desenvuelves y vuelves a chupetear, no es un mero compendio de entrevistas, sino que hay un hilo, una tesis que se va poco a poco centrando. Literalmente: los capítulos centrales establecen, por boca de los músicos y el propio autor, diferentes elecciones vitales frente a aquellos problemas situados en un lugar muy abajo de las cumbres divinas, allí donde se pelea la supervivencia cotidiana. ¿Y cuál es la tesis? Entiendo que, como la buena sabiduría, consiste en unas cuantas preguntas en el aire y no en una conclusión. Preguntas que rodean al Arte y que, a un nivel o a otro, a todos nos preocupan: Integridad, profesionalización vs. amateurismo, el magma de la creación, o el eterno interrogante de cómo vivir.

Sobre la cuestión musical, está claro que un libro en papel no tiene una tecla de play, así que solo puede reproducir letras. Esta limitación se convierte en una cualidad: al desproveerlas de música las letras desnudas deben mostrar cómo se sostienen por sí mismas. Por contra, una vez fascinados por la cualidad poética, el propio Boullosa nos insiste una y otra vez en parar la lectura y bucear también la música, recomendando audiciones, canciones, discos. Cada paseo por este libro te ilustrará en profundidad sobre el panorama musical más real e interesante de los últimos años en nuestro país. Abajo comparto una lista de vídeos que te darán una idea.

El tono es conscientemente personal, en el extremo contrario de esa frialdad que llaman distancia periodística. Algunas partes entrelazan la biografía del autor con la de los músicos, no faltan anécdotas, datos o reflexiones biográficas y personales, que le dan carne y lo hacen ameno. Pisos, bares, música, autobuses, alcohol, conversaciones y más música. Como el hermoso capítulo dedicado a Javier Colis que empieza así “Conocí a Javier Colis en un bar y he acabado siendo buen amigo suyo. La lista de cosas que he aprendido de él sería demasiado larga para estas páginas”.

 

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